Entre el cielo y la roca
El Castell de Guadalest es un pequeño pueblo, reducto de moriscos, asentado sobre un escarpe rocoso desde donde se domina todo el valle. Esta posición estratégica le confiere una singular belleza. Las casas ocupan el suelo de una antigua fortaleza que estuvo habitada por población morisca, quienes encontraron en este lugar un sitio ideal para la defensa.
Al pueblo se llega después de atravesar el arrabal y cruzar una hendidura formada entre dos rocas. En la parte más alta, tocando el cielo, se halla el antiguo castillo de San José.
Enclavado en el Valle de Guadalest, el entorno está formado por los núcleos de Confrides, Benifato, Beniardá, Benimantell y Abdet. Antiguos pueblos de reminiscencias árabes que aún guardan sabor morisco en sus calles.
El amplio valle (116 km²), con sus irregulares caminos, bancales y barrancos, así como las sierras de Aitana, Xortà y Serrella, invitan al viajero a dejarse llevar. Es el lugar perfecto para contemplar la flora y fauna o simplemente disfrutar de deliciosos paseos por la naturaleza.
“Tras atravesar el moderno ubicado extramuros, bajo el Peñón, y siguiendo en ascenso el tortuoso sendero de la Costera del Portal, el viejo Castell de Guadalest recibe al visitante con una peculiar entrada esculpida en piedra, engalanada a la mediterránea con arcos de medio punto. Junto a ella, la recoleta iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen empotra sus blancos muros en la roca viva.”
El túnel da paso a un recinto fortificado donde se esconde el pueblo viejo. En lo más alto y contiguo al cementerio local, los restos de su antigua fortaleza atestiguan un tumultuoso pasado, pero hoy descansan en paz dominando con un golpe de vista las agrestes cimas y el exuberante valle con el embalse al fondo.
Su entrañable y diminuta Casa Consistorial y el hermoso palacio de los marqueses de Orduña se suman a los encantos de un lugar que apenas doscientos habitantes miman con celo. Un paisaje sobrecogedor y una blanquísima localidad levantina que enamora a quien la visita.